16 de julio de 2015

La mujer que robó el corazón a los isleños.


Thelma.

Para ser exactos Thelma Marie McAllister, natural de Baton Rouge, Luisiana.

Así se llama la espectacular belleza cuya fotografía ilumina con infinita sensualidad este vulgar relato al tiempo que me fascina e inquieta por partes iguales.

He aquí su historia.


Harta del puritanismo que a finales de los sesenta reinaba en su América natal, Thelma decidió poner tierra de por medio y lanzarse a ver mundo. Su primera parada fue Bangladesh, donde descubrió y experimentó con las más exóticas drogas del lejano Oriente y donde dio rienda suelta a sus instintos, como así lo atestigua ese tatuaje de motivos florales que luce en su costado derecho.

No mucho más tarde, y con la única compañía de una mochila de esparto, nuestra amiga aterrizó en el Aeropuerto de Son San Joan. Era una calurosa mañana del mes de agosto de 1969, una fecha cargada de simbolismo.

Lo cierto es que las distintas versiones son contradictorias y no se sabe a ciencia cierta qué ocurrió en un lapso de tiempo comprendido entre los meses de septiembre a diciembre de ese año, pero el caso es que en los albores de la nueva década que asomaba entre las rachas huracanadas del Mestral, Thelma se convirtió en el más codiciado objeto del deseo de los varones mallorquines en edad de merecer, hasta el punto de que como por arte de magia, el día de año nuevo de 1970, todos, absolutamente todos, abandonaron a sus esposas y se lanzaron a la búsqueda desesperada de nuestra protagonista.

Recuerdo que cuando me contaron la historia, apenas podía creerlo. No me convencí hasta que una tarde, de forma casual, pregunté a un grupo de jubilados que estaban echando unas manos de póker si les sonaba la leyenda. Al unísono, todos ellos abrieron sus carteras y me mostraron la fotografía de Thelma.  

Por desgracia, nuestra querida Thelma había viajado desde Asia con algo más que una mochila y un tatuaje. Un extraño virus había empezado a corroerle las entrañas y para ella el reloj del tiempo había empezado su cuenta atrás.

Hoy yace enterrada en un discreto nicho en Orient, un diminuto pueblo en el corazón de la Sierra de Tramuntana. Hasta ahí, cada primero de enero, una generación entera de varones isleños se acerca para honrarla y depositar unas flores a conjunto con las de su tatuaje. 

Telma Marie McAllister. Mallorca. 1969



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